martes, 4 de junio de 2013

Dio mejores consejos de amor Nacho Vidal que Bécquer.

Ebrio, camino por espacio de una hora, planteándome mi existencia hasta llegar a casa.
Una vez llegué a mi derrotero miré al techo y pensé "¿No es cierto que algún día todos morimos? ¿Porqué andamos entonces sin rumbo como pollos descabezados hasta esa fecha? Lo ideal sería planificar el viaje antes de partir."

Tócala otra vez, Sam.

Ha llovido desde entonces. Mucho, de hecho. Me he planteado mil y una veces cambiar mi vida. Cambiar hasta mi idioma.
En todo este tiempo he aprendido, he amado, he sido amado, que según la situación, es más importante; he maldecido y me he emborrachado. Pero de todas esas cosas, la única que se me resiste a ser ejecutada, es cambiar.

Las personas no cambian, al menos no conscientemente. Pueden aparentar ser durante un tiempo lo que no son, meses, incluso años. Pero las personas no cambian. Tú eres hoy igual de puta que ayer y yo soy igual de irresponsable. Pero aún así, eres mi punto de partida. Mi vida empezó contigo y por suerte te dejé a un lado. Ahora soy feliz. No tengo un futuro, ni una zanja donde caerme muerto, pero estoy contento conmigo mismo, cosa importante, con los tiempos que corren. Tengo alguien a quien amar y ser correspondido. Aprendo día a día, cosas nuevas, o al menos interesantes.

Tengo que decirte, querida enemiga, que te dejé atrás, y te tengo bien enterrada. Gracias por hacer que me de cuenta de cómo no quiero que me traten y de cuando me la están jugando.

Trae la ginebra, Pepe, que esta noche nos damos tú y yo un gustazo.