jueves, 21 de agosto de 2014

R U Mine?

Los cabreos van y vienen. Siempre. De toda la vida ha sido así. Todo esta bien con alguien hasta que se tuerce sin querer. Lo peor es que ni siquiera la mayoría de las veces es real. Son las ganas contenidas de gritar (de felicidad, de rabia, de tristeza....) las que te hacen ver las cosas como no son.
Y ahí tenemos la primera patología de esto que hablamos.

La falta de confianza. La lacra de las relaciones sociales que, por otro lado, se ve justificada con las acciones de los individuos.

Pero no esta noche. Esta noche no es mi culpa. Esta noche has sido la tú la que, falseando, me has echado cosas en cara cuando ni tan siquiera me incumben. Es decir, yo puedo pensar X, que es contrario a lo que piensas tú, y no pienso darte ni una sola pista para que entiendas que no me ha gustado algo. Pero tranquilo, me lo guardaré para adentro y cuando, en otro momento me parezca necesario, te lo pienso escupir a la cara alegando que "no me comprendes." o que "tú me la juegas a mí, ahora yo a tí."

Nótese la ironía en mi forma de expresarme.

martes, 4 de junio de 2013

Dio mejores consejos de amor Nacho Vidal que Bécquer.

Ebrio, camino por espacio de una hora, planteándome mi existencia hasta llegar a casa.
Una vez llegué a mi derrotero miré al techo y pensé "¿No es cierto que algún día todos morimos? ¿Porqué andamos entonces sin rumbo como pollos descabezados hasta esa fecha? Lo ideal sería planificar el viaje antes de partir."

Tócala otra vez, Sam.

Ha llovido desde entonces. Mucho, de hecho. Me he planteado mil y una veces cambiar mi vida. Cambiar hasta mi idioma.
En todo este tiempo he aprendido, he amado, he sido amado, que según la situación, es más importante; he maldecido y me he emborrachado. Pero de todas esas cosas, la única que se me resiste a ser ejecutada, es cambiar.

Las personas no cambian, al menos no conscientemente. Pueden aparentar ser durante un tiempo lo que no son, meses, incluso años. Pero las personas no cambian. Tú eres hoy igual de puta que ayer y yo soy igual de irresponsable. Pero aún así, eres mi punto de partida. Mi vida empezó contigo y por suerte te dejé a un lado. Ahora soy feliz. No tengo un futuro, ni una zanja donde caerme muerto, pero estoy contento conmigo mismo, cosa importante, con los tiempos que corren. Tengo alguien a quien amar y ser correspondido. Aprendo día a día, cosas nuevas, o al menos interesantes.

Tengo que decirte, querida enemiga, que te dejé atrás, y te tengo bien enterrada. Gracias por hacer que me de cuenta de cómo no quiero que me traten y de cuando me la están jugando.

Trae la ginebra, Pepe, que esta noche nos damos tú y yo un gustazo.

miércoles, 15 de junio de 2011

¿Quién dijo infierno?

¿Sabes? A veces no hace falta morir para visitar el infierno.
A veces con sólo concentrarte en cómo es la gente puedes hacerte una idea de cómo debe ser.
Hay otras ocasiones en que ni siquiera tienes que buscarlo, que es lo peor.
Esas ocasiones, quieres morir, quieres no estar ahí, en ese lugar tan oscuro en el que su alma no responde.
Hay días que la visita parece no acabar ni siquiera, en el que hasta el Sol se pone en tu contra, te da la espalda y decide no alumbrarte, y que ese halo de luz que solías disfrutar se evapora... se evapora sin quererlo, sin desearlo ni esperarlo...
Y, ¿sabes que es peor aún? Que tardas entre 1 y 15 meses en darte cuenta de que ese halo de luz que tanto calor te daba no volverá, se ha apagado y las nubes no se deciden a dejarlo pasar.
Que era tan efímero, tan microscópico que fue tu propio cáncer, algo que degeneraba y que era imposible que volviese a ser como antes... Algo que acabaría destruyéndote esa parte de tí.
Por suerte te diste cuenta... Tarde... Pero más vale tarde que nunca. Y gracias a que te diste cuenta, pudiste reaccionar.
Y lo sabes.
Te hablo de ti, de esa persona que tanto odias, que tanto odias por culpa de otra.
Esa otra por la que tantas lágrimas has derramado y por la que te da igual seguir haciéndolo, pero tambien esa otra por la que dejarías de vomitarlas si tuvieses a quien querer.
Pero me temo que el problema radica en el quién, sino en que te sobra miedo y te falta paciencia.

R-Evolución

Para bien o para mal, algunas cosas no cambian. Ahí entramos nosotros. Jóvenes con cabeza, cambiando el rumbo de la vida desde tiempos inmemoriales.
Si la ola de 15 metros te viene de cara, húndete bajo el agua, y cuando pase, simplemente, mírala como pasa de largo. Es simple. Sonríe, busca soluciones y ejecútalas.
Nadie va a ayudarte, nadie va a regalarte nada, nadie va a tenderte la mano cuando no puedas levantarte del suelo. Sé fuerte y lucha hasta el último aliento. Eso es lo que hace la gente que merece la pena conocer.

Cuenta la historia que en la antigua Esparta, los niños nacían con una sola misión: Defender a su gente. Daba igual cual fuese su oficio... Desde el tabernero al herrero. Todos darían su vida por la gente que les rodea, levantándose una y otra vez, recibiendo cuchilladas o flechazos en el pecho. Todos, desde el joven al anciano.

Esos somos nosotros, los espartanos que defienden firmes y convencidos sus intereses, su sino. Lo que el futuro nos depara lo preparamos nosotros. Ni una religión ni los medios de comunicación tergiversarán lo que queremos, nadie será capaz de decirte que te equivocas, porque vemos la realidad... Vemos lo que ellos no ven, lo que sus mentes corruptas, exentas de vivencias y pensamientos confundidos no les dejan ver...

Somos fuertes, creemos en nuestra causa y poseemos en las manos las llaves del futuro.
No debemos dejar pasar la oportunidad de darnos un futuro mejor.

lunes, 13 de diciembre de 2010

La felicidad no existe, son los padres.

Parece ser que ni siquiera la belleza de la ignorancia y el consuelo de saber que cuando algo está claro, está claro, sea bueno o malo, pueden evitar que los pilares de una forma de ser, de una forma de sentir y pensar se derrumben.
Acordaos de ese pobre gato al que la curiosidad mató... No hay nada más frustrante que probar algo y quedarte en el camino de conseguirlo, cuando parecía ir... ¿bien? Cuando parecía estar todo por el cauce adecuado.
Y sí, definitivamente, el destino existe, pero es tan listo que te amaga su inexistencia para que te confíes y después el golpe sea más duro.

Que putada, yo pensaba que saldría ileso de esta cornada y al final voy a necesitar tratamiento periódico...

domingo, 12 de diciembre de 2010

Como en los viejos tiempos.

"¿No sería perfecto así?, ¿No sería todo más bonito y más auténtico?

Esa era la pregunta que rondaba en su cabeza, desde que se despertaba hasta que se dormía de nuevo... desde que el sol salía hasta que se ponía...
El ansia y la ilusión que, paradojicamente, le atormentaban se estaban convirtiendo en su estilo de vida: A la desesperada.
No era capaz de vislumbrar el porqué de la mayoría de las cosas que le rodeaban, vivía por y para pensar en eso, en esas cosas que le hacían sentirse auténtico, esas cosas que, inexorablemente, acabarían con él, pero que al mismo tiempo, le darían fuerzas para seguir caminando.
Su vida era una antítesis, un querer y no poder... ni contigo ni sin tí, pero más contigo que sin tí...
Él lo sabía, las cosas no podían ser de otra manera, empezaba a creer en el destino, y si bien no estaba a su lado, estaría con ella durante mucho tiempo, y le gustaba eso, no podía pedir más, no podía decidir no mirar las cosas de forma objetiva. No era una obsesión, era real, tan real como el aire que respiraba, y tan necesario.
Solo había una manera de hacer las cosas: la directa. No creía tener la capacidad de aguantar más tiempo, sus pulmones se hacían cada vez más pequeños, el aire que almacenaba era cada vez menor y el pulso subía cada vez más conforme conjugaba los verbos y expresaba sus sentimientos... Estaba convencido de todos los errores de su vida, y no se arrepentía de ninguno, pensaba transformar esos errores en aciertos, aciertos perfectos e inexpugnables.

Los silencios que le rodeaban, los latidos del corazón que golpeaban contra su pecho desde dentro se lo decían, la soledad que él había elegido y el futuro que se estaba formando le apoyaban... sería fuerte, era hora de ser quien era, de recordar porqué todo era antes perfecto.

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Y el por aire te daré
lo más difícil de tener,
La confianza que tú a mí
me regalaste.