Los cabreos van y vienen. Siempre. De toda la vida ha sido así. Todo esta bien con alguien hasta que se tuerce sin querer. Lo peor es que ni siquiera la mayoría de las veces es real. Son las ganas contenidas de gritar (de felicidad, de rabia, de tristeza....) las que te hacen ver las cosas como no son.
Y ahí tenemos la primera patología de esto que hablamos.
La falta de confianza. La lacra de las relaciones sociales que, por otro lado, se ve justificada con las acciones de los individuos.
Pero no esta noche. Esta noche no es mi culpa. Esta noche has sido la tú la que, falseando, me has echado cosas en cara cuando ni tan siquiera me incumben. Es decir, yo puedo pensar X, que es contrario a lo que piensas tú, y no pienso darte ni una sola pista para que entiendas que no me ha gustado algo. Pero tranquilo, me lo guardaré para adentro y cuando, en otro momento me parezca necesario, te lo pienso escupir a la cara alegando que "no me comprendes." o que "tú me la juegas a mí, ahora yo a tí."
Nótese la ironía en mi forma de expresarme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario